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  Labores culturales
 
Labores culturales


Siembra y trasplante.

Existen dos tipos de siembra: directa, colocando la semilla directamente
bajo la tierra e indirecta, utilizando pequeños semilleros y trasplantando al
huerto cuando la planta se ha desarrollado.
La profundidad de siembra depende del tamaño de la semilla. Por norma
general es de 1 a 3 veces su diámetro. El número de semillas por golpe oscila
entre 1 y 5, según la especie. Los primeros días precisan humedad constante
pero no excesiva y una temperatura que favorezca la germinación. El tiempo
de la misma está entre 5 y 10 días, según la especie, las condiciones del sustrato,
la humedad y la temperatura.

La mayoría de plantas admiten la siembra directa e indirecta, aunque recomendamos
el trasplante para casi todas. Así ganaremos tiempo (sembramos
antes) y espacio (permanecen menos tiempo en el contenedor), y durante las
primeras semanas de crecimiento disfrutarán de óptimas condiciones en el
semillero. En las de raíz (rábano, zanahoria) se recomienda la siembra directa,
para que no sufran durante el trasplante.



Aunque en el mercado hay gran variedad de semilleros, podemos reutilizar
envases de yogur o vasos de plástico, perforando la base para que salga el
agua sobrante. Antes del trasplante se recomienda que la planta se haya desarrollado
lo suficiente y que sus raíces ocupen todo el recipiente. Esto suele
ocurrir cuando la parte aérea de la planta supera el volumen del mismo.





Conviene dejar secar un poco el sustrato para que el plantel salga con
facilidad y tener mucho cuidado para no estropear las raíces. Haremos un
agujero con la pala en el sustrato, lo bastante grande para que quepa el plantel
y lo colocamos con mucho cuidado, presionando ligeramente el sustrato a
su alrededor. Finalmente, regaremos para asentar el sustrato y las raíces.



Riego

El riego es una labor muy importante para el éxito del cultivo. Tendremos
que aportar riegos frecuentes y ligeros, ya que por su poca profundidad, el
sustrato tiene menos capacidad de almacenamiento. El agua se agota más
fácilmente en recipientes que en los cultivos en suelo. La frecuencia de riego
aumenta o disminuye según la época del año y el desarrollo o cantidad de
plantas, por lo que vigilaremos si muestran síntomas de marchitamiento y la
humedad del sustrato.

Si se supera la cantidad máxima de agua que puede retener el sustrato, la
sobrante saldrá por el orificio de drenaje, lo que debemos evitar para no
perder muchos elementos nutritivos.
El momento óptimo del día para regar es el atardecer, así se evita la
evaporación y se favorece la infiltración del agua en el sustrato.
Con la práctica, aprenderemos a regar con la frecuencia y cantidad adecuadas
para cada momento, de modo que el huerto mantenga un estado
de humedad óptimo.



Mantenimiento y abonado del sustrato

El sustrato de origen orgánico se compacta con el tiempo y pierde porosidad,
disminuyendo su aireación y retención de agua y mermando el desarrollo
de las raíces. A ello que hay que sumar la pérdida de materia orgánica
por la propia descomposición o por exceso de riego. Antes de una nueva
plantación aportaremos materia orgánica rica en nutrientes (compost y/o humus
de lombriz) y removeremos para recuperar la cantidad y porosidad del
sustrato.
Los nutrientes se dividen, según la cantidad que precisan las plantas, en
macronutrientes (nitrógeno, fósforo, potasio, calcio y magnesio)
y micronutrientes (manganeso, boro, cobre, molibdeno e hierro).
Inicialmente están en el sustrato, pero se agotan
con el paso del tiempo.
En casa podemos obtener nuestro propio humus de lombriz instalando
un vermicompostador. Las lombices transformarán los restos orgánicos
de la cocina y el huerto en un humus de calidad. Con este proceso, además
de obtener un excelente abono, reciclamos la fracción orgánica de
nuestra basura y evitamos que vaya a parar a los vertederos.



La carencia de nutrientes esenciales causa el desarrollo defectuoso de la
planta; en algunos casos los síntomas son fáciles de identificar; en otros no
lo son tanto.



Al principio de cada campaña (otoño y primavera) realizaremos un
buen aporte de nutrientes añadiendo compost o humus de lombriz en
una proporción del 5% del volumen total. Lo mezclaremos con la capa
superficial o lo depositaremos sin más en la superficie. Si detectamos
carencias, añadiremos abono orgánico líquido al riego o lo pulverizaremos
directamente sobre las plantas.




 
 
 

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